“Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús” (Juan 19:38)
Las tradiciones no suelen transmitir una idea correcta de algunos personajes bíblicos ni de las situaciones que vivieron. Una de esas personas es José de Arimatea. No se sabe nada de él hasta el momento de la muerte de Jesús. En ese momento, y poniendo en riesgo su prestigio e incluso su vida, se declara seguidor de Cristo y solicita el cuerpo de Cristo a los romanos.

Era una costumbre entre los romanos, que cuando alguien era asesinado mediante la crucifixión, su cuerpo fuera entregado a bestias salvajes para que lo despedazaran, los restos que quedaban finamente eran quemados y las cenizas esparcidas, como una forma de mostrar lo implacable que podían ser frente a situaciones que no eran tolerables por el mundo romano. Sin embargo, si alguien de mucha influencia o un rico, solicitaban el cuerpo o lo compraban, las autoridades romanas hacían una excepción. Por esa razón, en ese momento crucial aparece José de Arimatea. Si hubiera ido alguno de los discípulos de Jesús simplemente no lo hubieran tomado en serio.

Según una vieja tradición José de Arimatea, sería hermano mayor de Joaquín, el padre de María, madre de Jesús. Sin embargo, no hay muchas fuentes para corrobar dicha tradición. Lo que si sabemos es que se convirtió en discípulo de Cristo en secreto y no se mostró como tal sino hasta el final cuando era necesario su presencia. También, la leyenda señala que tras la resurrección fue encarcelado por los judíos que lo acusaron de haber robado el cuerpo de Cristo, por ser el propietario de la tumba donde fue depositado el cuerpo de Jesús después de su muerte. Datos históricos señalan que se embarcó luego de su liberación y fue hasta las costas de Francia, acompañado por otros cristianos. Luego se habría instalado en las Islas Británicas donde propagó el cristianismo.

Cuando una persona conoce de verdad a Jesús no puede mantenerse permamentente en el anonimato. En algún momento tendrá que dar la cara y confesar que es cristiano y que ha hecho de Jesús el centro de su vida. Lo fue con José de Arimatea y con muchos más. Cristo no deja indiferente a nadie.

¿Conoces realmente a Jesús? ¿Estás dispuesto a vivir por Cristo?

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez, 2013
Del libro inédito: Cada vida un universo