Yo puse la playa como límite del mar, un límite que el mar no puede pasar. Sus olas se agitan impotentes y rugen, pero no pueden pasarlo” (Jeremías 5:22)

Muchas personas tienen serios problemas con los límites. Sín límites claros es muy difícil vivir de manera equilibrada y sana. Cuando no establecemos fronteras físicas y emocionales, pronto somos avasallados al grado de que vamos perdiendo identidad y vamos siendo arrasados por otros individuos que no logran entender que para vivir es normal, sano y necesario establecer límites.

Un límite es una protección. Por ejemplo, la piel, es un límite natural, gracias a esa frontera tan extraordinaria que tenemos los seres humanos nuestro cuerpo es protegido de gérmenes y de bacterias que podrían matarnos, por esa razón es tan necesario proteger una herida, porque se ha abierto una puerta donde podría entrar un gérmen y afectarnos, no está la piel allí para proteger.

Muchos permiten ser invadidos por otros que no tienen empacho de avasallar la conciencia ajena y manipular, torcer o maltratar a otros. Ese camino, no sólo es nocivo sino que produce personas que van perdiendo la capacidad de reaccionar. Una vez que las fronteras se caen entonces es más difícil lograr que las personas pueden autoprotegerse.

Jesús estableció límites. Cuando reprendía a los fariseos y los hipócritas de su tiempo, lo hacía sobre la base de entender que muchos de ellos simplemente, habían traspasado el derecho y lo rozanonable. Cristo fue cuidadoso en el trato con otras personas, nunca intentó manejar la conciencia de nadie y siempre permitió que cada persona se expresara de manera libre, porque sabía que los límites son frágiles y hay que cuidarlos.

“Son precisamente nuestros límites humanos los que nos unen, los que nos hacen fraternos” (Doménico Cieri Estrada).

Miguel  A. Nuñez