invisibles

Los invisibles tambien sienten y merecen un buen trato.

Siendo que no soy muy buena observadora; siempre me llama la atención algo que sucede en distintos lugares. Cuando atravesamos los pisos de un centro comercial, visitamos el cine, un museo, el aeropuerto o algún lugar público vemos infinitos rostros, infinitas personas que vienen y van y que no recordamos ni identificamos, es muy probable que si los volviéramos a ver tampoco lo haríamos, a menos que sea alguien que nos llame poderosamente la atención por alguna característica física o su atuendo.

También en estos espacios físicos transitan personas que si bien tienen un atuendo poco común pasan muchas veces inadvertidas. Estas personas son las que llamo “invisibles” y son, por ejemplo, el personal del aseo y limpieza, los guardias de seguridad, los acomodadores de vehículos y tantos otros oficios que son inmensamente necesarios en nuestro diario vivir.

Es increíble observar en medio del aeropuerto infinidad de gente despidiéndose entre maletas y lágrimas, tomando fotografías o esperando con letreros alegres a sus familiares y en medio de esa toma fotográfica, de fondo aparece quien recoge nuestra basura, limpia nuestro caminar y los lugares en donde esperamos para abordar el avión de ida o de regreso al lugar tan soñado. Nadie los mira, nadie los ve. Nadie los saluda, nadie les da las gracias.

En nuestra vida cotidiana estoy segura que conocemos a más de una de estos “invisibles” y creo que nuestra labor como cristianos es ser capaces de “mostrar” lo “oculto” y en este caso, es hacer visibles a los invisibles a través de nuestro saludo, de nuestros agradecimientos, de nuestros gestos humanitarios. Eso es el testimonio, no hablar 24 horas al día de Dios y decirle a la gente que asista a nuestras congregaciones. Ese es el 1% de la tarea a la realmente fuimos convocados.

A veces me pregunto qué pensará Dios cuando pone a un “invisible” en nuestro camino, cuántas veces nos ha dado la posibilidad de descubrir una sonrisa agradable, una linda voz o una mirada cálida  sin que nos demos cuenta. Cuánta alegría debe generar en el corazón de un “invisible” el que por un instante la atención sólo sea para él o ella y reivindiquen la tremenda labor que hacen de manera muy silenciosa la mayoría de las veces.

Ese es el testimonio. Cuando Jesús visitó la tierra estuvo con los “invisibles” de ese tiempo, con aquellos que el  resto del pueblo no consideraba siquiera importantes. Así es Jesús, un experto en hacer visible lo invisible. ¿Quieres ser como él? Comienza por observar a los “invisibles” que tienes a tu alrededor y hazlos visibles ¿Cómo? Comienza por saludarlos, luego pregúntale sus nombres y salúdalos usándolo. De a poco tendrás la posibilidad de conocer un poco más de ellos y eso te permitirá saber qué tienes tú para ofrecerle a él o ella. Inténtalo, no es tan difícil. Esa es una manera muy práctica de compartir a  quien vive en tu corazón Y QUE SE TE NOTE.

Autora: Poly Toro