¿Por qué te habías tardado tanto?

Quería estar contigo

Abrazarte, escucharte, ayudarte

Pero tú me ignorabas, y estabas tan ocupada

Que solo hacías tus tareas diarias.

¿Por qué no llegabas?

Al lugar de nuestro encuentro

En lo íntimo, en lo secreto,

Donde siempre renuevo tus fuerzas.

Tenías bastante tiempo que no venías,

Me gustaría que te me acercaras más

Y me tomes en cuenta para todo.

Quiero ser tu Mejor Amigo, el más Sincero.

¿Por qué te habías tardado tanto, Te extrañaba,

Quiero llenarte de poder,

Pero solo me llamas una vez a la semana

Y pasas rápidamente.

Quiero que me anheles,

Así como anhelas otras cosas,

Porque Yo soy tu Consolador

Y siempre intercedo por ti.

Atentamente: El Espíritu Santo

Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Romanos 8:26 (NVI)

Autora: Kari Gazo