“Convertiste mi lamento en danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta” (Salmo 30:11)
El amor a distancia
Seguramente más de alguno al leer la palabra “danza” se asombrará de que la Biblia se expresa tan abiertamente de esta manfiestación de alegría. Hasta la actualidad, el pueblo hebreo expresa por medio de la danza su gozo para con Dios.

La danza hebrea no tiene connotación sexual ni sensual, es una expresión espontánea de alegría. Siempre el ser humano ha expresado su gozo mediante movimientos corporales. El estadio se llena de bullicio y saltos cuando el equipo que seguimos convierte un gol. Saltamos como cervatillos cuando recibimos una noticia que nos llena el alma, levantamos los brazos, damos volteretas y círculos… y nadie se extraña, porque en ambos casos, estamos expresando alegría.

Sin embargo, cuando se trata de Dios, pretendemos alabar con los brazos amarrados, con los pies clavados al piso y con la cara adusta como si estuviéramos en un funeral. Es contradictorio. Celebramos más por un gol y una buena noticia, que por las buenas nuevas de salvación, la experiencia más hermosa y extraordinaria a la que ha sido invitada la humanidad. En cierto modo aún estamos de luto.

Es posible que a alguno ofenda su sensibilidad el hablar de “danza”. Estamos tan estructurados por la herencia medieval que hemos recibido que creemos que la única adoración que Dios recibe es la de brazos caídos, frente inclinada, rostro afligido y pies clavados, cuando no nos damos cuenta que eso es sólo un estereotipo que nada tiene que ver con la naturalidad de un cuerpo que salta y se mueve de alegría.

El otro día pasé una hora extasiado observando en Youtube videos de danzas hebreas. Llegué a envidiar la alegría que los jóvenes y señoritas expresaban al son de cantos de alabanza. No digo que nos pongamos a danzar todos, algunos no tienen ni el ritmo ni la sensibilidad para hacerlo, pero, ¿por qué deberíamos oponernos si alguno si tiene el ritmo y la sensibilidad para expresar de ese modo su alegría? ¿Por qué deberíamos poner a todo el mundo en una camisa de fuerza hecha a base de tradición y estereotipos?

¿Eres natural y espontaneo en tu alabanza a Dios?

© Dr. Miguel Ángel Núñez