Lo llevaron como cordero al matadero, y él se quedó callado, sin abrir la boca, como una oveja cuando la trasquilan” (Isaías 53:7)

Es difícil captar exactamente el sentido que tiene la redención que hemos recibido de parte de Jesús. Es tan inmenso su amor y su bondad, que cualquier palabra que se diga queda corta para nuestra comprensión.

Isaías 53 es una de las piezas mesiánicas más hermosas del Antiguo Testamento, en lenguaje poético nos presenta lo que sería la muerte vicaria de Jesucristo a favor de la raza humana. Cristo ofrendó su vida en favor de todos los humanos en una acción incomprensible, porque no es sólo Jesús el que muere, sino que es Dios mismo que se ofrenda para darle al ser humano la tranquilidad de vivir con esperanza.

A veces se presenta la idea de que el ser humano debe hacerse digno de la gracia, sin embargo, ese concepto no sólo es un error, sino que es una bofetada al sacrificio de Cristo. ¿Por qué habríamos de hacer algo para ganarnos la salvación, si nada de lo que hagamos podría hacerlo posible?

Jesús es la ofrenda viviente que da su vida por nosotros. Nada de lo que realicemos puede servir para ganar la salvación. Todos los esfuerzos humanos que apunten a obtener lo que ya fue realizado en la cruz, no sólo es absurdo, sino que además, transmite una idea equivocada del cristianismo. Somos justificados por la fe en los méritos de Cristo, no por los méritos de nuestras acciones. Si pudiéramos ganarnos la salvación de alguna manera, entonces, la muerte de Jesús no sería necesaria, bastaría sólo nuestro esfuerzo, lo que sin duda no es verdad.

“El cristianismo es una religión de rescate. Declara que Dios ha tomado la iniciativa en Jesucristo para liberarnos de nuestros pecados” (John Stott).

By: Miguel A. Nuñez